lunes, 5 de julio de 2010

Galeria de fotos y poesias de Violeta Parra

POEMAS.
Pa’ cantar de un improviso


se requiere buen talento,

memoria y entendimiento,

fuerza de gallo castizo.

Cual vendaval de granizos

han de florear los vocablos,

se ha de asombrar hast’el diablo

con muchas bellas razones,

como en las conversaciones

entre San Peiro y San Paulo.



También, señores oyentes,

se necesita estrumento,

muchísimos elementos

y compañero ‘locuente;

ha de ser güen contendiente,

conoce’or de l’historia;

quisiera tener memoria

pa’entablar un desafío,

pero no me da el sentí’o

pa’ finalizar con gloria.



Al hablar del estrumento

diríjome al guitarrón,

con su alambre y su bordón

su sonoro es un portento.

Cinc’ ordenanzas le cuento

tres de a cinco, dos de a tres,

del clavijero a sus pies

l’entrasta’ura ‘legante,

cuatro diablitos cantantes

debe su caja tener.



Y pa’ cantar a porfía

habrá que ser toca’ora,

arrogante la cantora

para seguir melodía,

galantizar alegría

mientras dure’l contrapunto,

formar un bello conjunto

responder con gran destreza.

Yo veo que mi cabeza

no es capaz par’ este asunto.



Por fin, señores amables,

que me prestáis atención,

me habéis hallado razón

de hacerle quite a este sable;

mas no quiero que s’entable

contra mí algún comentario,

pa’ cominillo en los diarios

sobran muchos condimentos.

No ha de faltarm’ el momento

que aprenda la del canario.

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Muda, triste y pensativa


ayer me dejó mi hermano

cuando me habló de un fulano

muy famoso en poesía.

Fue grande sorpresa mía

cuando me dijo: Violeta,

ya que conocís la treta

de la vers’á popular,

princípiame a relatar

tus penurias “a lo pueta”.



Válgame Dios, Nicanor,

si tengo tanto trabajo,

que ando de arriba p’abajo

desentierrando folklor.

No sabís cuánto dolor,

miseria y padecimiento

me dan los versos qu’encuentro;

muy pobre está mi bolsillo

y tengo cuatro chiquillos

a quienes darl’ el sustento.



En ratitos que me quedan

entre campo y grabación,

agarro mi guitarrón,

o bien, mi cogot’e yegua;

con ellos me siento en tregua

pa’ reposarme los nervios,

ya que este mundo soberbio

me ha destinado este oficio;

y malhaya el beneficio,

como lo dice el proverbio.



Igual que jardín de flores

se ven los campos sembra’os,

de versos tan delica’os

que son perfeutos primores;

ellos cantan los dolores,

llenos de fe y esperanzas;

algotros piden mudanzas

de nuestros amargos males;

fatal entre los fatales

voy siguiendo estas andanzas.



Por fin, hermano sencillo,

que no comprendís mi caso;

no sabis que un solo lazo

lacea un solo novillo.

Pica’o tengo el colmillo

de andar como el avestruz,

sin conseguir una luz,

ni una sed de agua siquiera.

Mientras tanto, la bandera

no dice ni chuz ni muz.


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